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Este artículo se basa en el capítulo 10 del libro Prácticas actuales para el manejo de la asimetría facial, de Pushkar Mehra y Larry M. Wolford, publicado por Editorial Amolca. Dicho capítulo aborda el análisis y manejo del componente de los tejidos blandos como estrategia para mejorar la asimetría facial.
La asimetría facial compromete distintos planos tisulares, desde el esqueleto hasta los tejidos blandos y la piel. Por ello, su abordaje exige una evaluación integral y una planificación capaz de adaptarse a cada componente involucrado. Identificar con precisión el origen y la magnitud de la asimetría es el primer paso para definir una estrategia quirúrgica adecuada.

Evaluación clínica y análisis 3D
El examen clínico detallado sigue siendo esencial para documentar la extensión regional de la asimetría. A través de la palpación, el cirujano puede reconocer la profundidad del compromiso de los tejidos blandos. Este análisis se complementa con imágenes tridimensionales de superficie y tomografía computarizada de haz cónico (CBCT), que permiten cuantificar objetivamente las diferencias faciales.
Para establecer un marco de referencia confiable, se emplean puntos esqueléticos como el basion, la silla turca y el nasion, con los que se define el plano sagital medio. Dado que la base craneal suele ser relativamente simétrica, este plano permite reflejar cada hemicara y comparar sus variaciones topográficas, facilitando la identificación precisa de las zonas afectadas.
Cuando el volumen marca la diferencia
Una vez reconocidas las áreas deficitarias, surge la necesidad de determinar cómo restaurar el volumen perdido. Existen diversos materiales disponibles, tanto biológicos como sintéticos; sin embargo, en los casos de asimetría significativa, la transferencia de tejido autógeno y el injerto de grasa continúan siendo opciones centrales. La experiencia clínica ha demostrado que la grasa autóloga puede reducir la asimetría, aunque sus resultados pueden variar debido a la reabsorción y a las diferencias técnicas entre procedimientos.
Estas variaciones han impulsado la necesidad de abordar la restauración volumétrica de forma cuantitativa, permitiendo evaluar los resultados en relación con una planificación previa y más objetiva.
Del escaneo al modelo virtual del paciente
La planificación comienza con la obtención de fotografías en 2D, imágenes faciales en 3D y estudios CBCT. A partir de estos datos se generan modelos virtuales específicos del paciente, que se posicionan según el plano horizontal de Frankfurt.
Sobre estos modelos se señalan puntos cefalométricos de tejidos blandos que delimitan las áreas de interés. Se incluyen referencias de la línea media —como nasion, punta nasal, subnasal, puntos labiales y mentón— junto con puntos bilaterales como el cigomático, ala nasal, comisura, nervio mentoniano y trago, lo que permite una planificación precisa y reproducible.

Simetría diseñada: guías quirúrgicas personalizadas
El lado no afectado del rostro se utiliza como referencia y se copia para reflejarlo sobre el lado afectado, simulando la simetría facial deseada. A partir de esta proyección se construye una imagen que representa el resultado esperado.
Con base en esta simulación se diseñan guías quirúrgicas que permiten identificar las zonas con déficit de volumen. Estas guías incluyen contenedores volumétricos que definen las diferencias de volumen y permiten cuantificarlas en centímetros cúbicos. Además, se extienden hacia estructuras como la nariz, el trago y el mentón para asegurar una correcta colocación durante el procedimiento. Posteriormente, se imprimen en 3D con resina fotopolimerizable.

Precisión intraoperatoria y control del volumen
Durante la cirugía, las guías permiten marcar las zonas exactas donde se realizará la inyección de grasa. El tejido adiposo se obtiene mediante cánulas romas, se decanta y se prepara antes de su transferencia. La grasa se deposita en pequeñas cantidades, en múltiples planos y direcciones, siguiendo las indicaciones definidas por la guía quirúrgica.
La máscara posoperatoria se utiliza como referencia intraoperatoria para verificar que los volúmenes aplicados se aproximen al resultado planificado, favoreciendo así una restauración más controlada y reproducible de la simetría facial.

Conclusión
El abordaje de la asimetría facial requiere comprender el papel fundamental que desempeñan los tejidos blandos en la restauración del contorno y la simetría facial. Tal como se expone en el capitulo 10 del libro Prácticas actuales para el manejo de la asimetría facial, de Pushkar Mehra y Larry M. Wolford, el uso del injerto graso, apoyado en una planificación guiada y en el análisis preciso del volumen, permite abordar de manera más controlada y reproducible las alteraciones faciales complejas.
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