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A pesar de ser los órganos pares más pequeños del abdomen, las glándulas suprarrenales cumplen funciones esenciales para el organismo, al participar en el mantenimiento de la homeostasis y en la regulación de la producción y secreción hormonal. Su pequeño tamaño y ubicación profunda pueden dificultar su visualización mediante ecografía; sin embargo, estas estructuras y las lesiones que las afectan pueden identificarse durante la evaluación ecográfica abdominal como se explica en la obra Diagnóstico por Ultrasonido. 6.ª edición, de Carol M. Rumack, específicamente en el capítulo 11, “Las glándulas suprarrenales”. Por ello, conocer su anatomía, fisiología y características en las imágenes es fundamental para que el profesional pueda reconocer hallazgos normales y sospechosos, y determinar cuándo es necesario complementar el estudio con otras técnicas de imagen.

Anatomía y fisiología de las glándulas suprarrenales
Las glándulas suprarrenales se localizan en el espacio perirrenal, por encima de los riñones, aproximadamente a la altura de la 11.ª o 12.ª costilla torácica y lateral a la primera vértebra lumbar. Su forma puede variar, pero el grosor de sus extremidades, especialmente las laterales, permanece relativamente constante y constituye un indicador útil para valorar la hipertrofia glandular.
Cada glándula está formada por corteza y médula, estructuras con diferente origen embriológico y función. La corteza se divide en tres zonas: glomerular, fascicular y reticular. La zona glomerular produce aldosterona, relacionada con la regulación del volumen y la presión del líquido intravascular; la zona fascicular produce glucocorticosteroides, entre ellos el cortisol, que interviene en las respuestas al estrés y en la regulación de procesos inflamatorios; y la zona reticular participa en la secreción y regulación de andrógenos.

La médula suprarrenal, por su parte, está formada por células cromafines y es responsable de la síntesis y secreción de las catecolaminas epinefrina y norepinefrina, que intervienen en las respuestas simpáticas del organismo.
Exploración ecográfica: una estructura pequeña y de difícil acceso
La ecografía permite visualizar las glándulas suprarrenales normales mediante una exploración cuidadosa, aunque su localización puede representar un reto. Las costillas, el gas intestinal y la posición posterior al estómago de la glándula izquierda pueden limitar su identificación.
Para facilitar el examen, se recomienda un ayuno de entre 6 y 8 horas. La identificación de las glándulas comienza con una referencia anatómica fundamental: se encuentran por delante de los polos superiores de los riñones.
La glándula suprarrenal derecha se observa mejor mediante vistas oblicuas transversales y coronales, utilizando el hígado como ventana acústica. La glándula suprarrenal izquierda puede visualizarse desde la línea axilar posterior, empleando el bazo o el riñón izquierdo como ventana acústica.
En la ecografía, la glándula normal presenta generalmente una forma de V o Y invertida y suele ser más ecogénica que la grasa retroperitoneal circundante. La médula puede identificarse como un componente ecogénico lineal, particularmente evidente en el feto y el recién nacido.

La evaluación también requiere diferenciar las glándulas de otras estructuras que pueden simular masas suprarrenales, como ganglios linfáticos, asas intestinales y estructuras vasculares. En el lado izquierdo deben considerarse además estructuras como bazos accesorios, márgenes esplénicos lobulados, fondo gástrico y lobulaciones pancreáticas.
Principales lesiones suprarrenales
Entre las lesiones suprarrenales, los adenomas son las más frecuentes y representan entre el 60 % y el 80 % de todas las masas suprarrenales. Generalmente miden menos de 3 cm, por lo que pueden resultar difíciles de visualizar mediante ecografía. La tomografía computarizada y la resonancia magnética permiten mejorar su caracterización, especialmente mediante la evaluación del contenido microscópico de grasa y las características de lavado.
Los mielolipomas son tumores benignos poco frecuentes que contienen tejido adiposo maduro y hematopoyético. Suelen presentarse como lesiones bien definidas y difusamente ecogénicas y aparecen con mayor frecuencia durante la quinta o sexta década de la vida.
Los feocromocitomas son tumores neuroendocrinos funcionales de la médula suprarrenal asociados con hipersecreción de catecolaminas. Entre las manifestaciones clínicas descritas se encuentran hipertensión refractaria, palpitaciones, sofocos, diarrea y pérdida de peso. También pueden presentarse de manera bilateral y asociarse con diferentes trastornos neuroectodérmicos y síndromes familiares.
Otros hallazgos incluyen los quistes suprarrenales, que representan aproximadamente el 6 % de las lesiones suprarrenales detectadas incidentalmente. También pueden presentarse hemorragias suprarrenales, masas infecciosas e inflamatorias y diferentes lesiones malignas.
Lesiones malignas y masas poco frecuentes
Entre las masas suprarrenales malignas se encuentran los carcinomas corticoadrenales, las metástasis y el linfoma. Las metástasis suprarrenales son las lesiones malignas más frecuentes de la glándula y pueden ser secundarias a neoplasias de pulmón, mama, hígado, tiroides, riñón, páncreas y tracto gastrointestinal, entre otras.
El capítulo también aborda masas suprarrenales poco frecuentes, como los ganglioneuromas, tumores benignos que pueden encontrarse incidentalmente en niños y adultos jóvenes. En la ecografía pueden observarse como grandes masas heterogéneas con vascularidad variable y calcificación en aproximadamente el 20 % de los casos.
El papel del ultrasonido en el abordaje de las lesiones
La identificación de una masa suprarrenal mediante ecografía constituye un punto de partida para su adecuada valoración. Los incidentalomas suprarrenales, definidos como masas asintomáticas de más de 1 cm descubiertas durante estudios realizados por motivos no relacionados con una enfermedad suprarrenal, requieren una evaluación y un seguimiento apropiados.

Además de la ecografía convencional, el estudio puede complementarse mediante ecografía endoscópica, que permite visualizar las glándulas desde el tubo digestivo, y ecografía intraoperatoria, utilizada en determinados procedimientos para localizar lesiones, identificar múltiples focos y ayudar a establecer el plano entre la lesión y el tejido suprarrenal nativo.
Conclusión
La evaluación ecográfica de las glándulas suprarrenales exige un conocimiento detallado de su anatomía, fisiología, apariencia normal y principales alteraciones, especialmente debido a las dificultades que puede presentar su visualización. Reconocer las características de las lesiones benignas, malignas y poco frecuentes permite al profesional interpretar los hallazgos con mayor precisión y establecer cuándo es necesario recurrir a otras modalidades de imagen. Estos aspectos son desarrollados en Diagnóstico por Ultrasonido. 6.ª edición, de Carol M. Rumack, específicamente en el capítulo 11, “Las glándulas suprarrenales”, dedicado a la anatomía, exploración ecográfica, diagnóstico y manejo de las lesiones que pueden afectar estas estructuras.
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