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Las enfermedades nutricionales pueden aparecer tanto por la deficiencia como por el exceso de uno o más nutrientes esenciales, y sus manifestaciones cutáneas pueden ser una de las primeras señales de alerta. En el capítulo 17, “Enfermedades nutricionales”, de Enfermedades de la piel de Andrews, publicado por Editorial Amolca, se revisan las principales dermatosis asociadas a alteraciones nutricionales y los factores que pueden favorecer su aparición.

Las deficiencias nutricionales y sus manifestaciones cutáneas
Las deficiencias nutricionales son especialmente frecuentes en países de ingresos bajos y medianos, aunque también pueden presentarse en países de ingresos altos debido a dietas restrictivas, dietas de moda, trastornos del comportamiento alimentario o determinadas enfermedades. Los lactantes y los niños constituyen un grupo particularmente vulnerable.
Entre los signos cutáneos que pueden aparecer en diferentes estados carenciales se encuentran las erupciones intertriginosas o acrales, las lesiones faciales similares a la dermatitis seborreica, la glositis atrófica y la alopecia. Estas manifestaciones pueden ser consecuencia de alteraciones en vías metabólicas relacionadas con los ácidos grasos, que afectan la diferenciación de la epidermis y la función de barrera cutánea.

Por ello, el diagnóstico puede pasar inadvertido cuando no se realiza una historia dietética completa. También deben considerarse como grupos de riesgo los pacientes con dependencia del alcohol, enfermedades intestinales inflamatorias o de malabsorción, fibrosis quística, cirugía bariátrica, enfermedades psiquiátricas, dietas restrictivas y determinadas condiciones que dificultan la alimentación.
Vitaminas y piel
El capítulo aborda diferentes deficiencias y excesos vitamínicos y sus manifestaciones dermatológicas.
Vitamina A
La deficiencia de vitamina A puede producir frinodermia o hiperqueratosis folicular, caracterizada por pápulas queratósicas distribuidas principalmente en las extremidades y los hombros. Aunque tradicionalmente se relacionaba exclusivamente con la carencia de vitamina A, actualmente se reconoce que suele formar parte de estados de deficiencia múltiple.
En el extremo contrario, la hipervitaminosis A puede generar manifestaciones similares a las producidas por los retinoides sintéticos, como sequedad, descamación, alteraciones del cabello y las uñas, queilitis y pérdida de pelo. En casos crónicos también pueden presentarse alteraciones sistémicas importantes.

Vitamina D y vitamina K
La deficiencia de vitamina D no suele producir manifestaciones cutáneas primarias, aunque se ha estudiado su relación con enfermedades como la dermatitis atópica y algunos tipos de ictiosis. También existe interés en su posible asociación con el melanoma y otros cánceres cutáneos, aunque la evidencia sobre el beneficio de su suplementación para prevenir estos tumores sigue siendo limitada.
La deficiencia de vitamina K es poco frecuente en adultos sanos, pero puede aparecer en situaciones de malabsorción, enfermedades biliares, fibrosis quística, anorexia nerviosa o por determinados medicamentos. En recién nacidos, la deficiencia puede provocar hemorragias graves, razón por la que la administración profiláctica de vitamina K tiene especial importancia.
Vitaminas del complejo B
Las deficiencias de vitaminas B1, B2, B6 y B12 pueden presentar diferentes manifestaciones dermatológicas y mucosas.
La carencia de vitamina B1 o tiamina puede provocar beriberi, con edema, eritema, ardor lingual y queilitis. La deficiencia de vitamina B2 o riboflavina se caracteriza clásicamente por alteraciones del área oral, ocular y genital, incluyendo queilitis angular, glositis y dermatitis seborreica facial.

La deficiencia de vitamina B6 o piridoxina puede producir una erupción similar a la dermatitis seborreica, glositis atrófica, queilitis angular, conjuntivitis e intertrigo. Por su parte, la deficiencia de vitamina B12 está relacionada principalmente con trastornos gastrointestinales y de absorción, y puede acompañarse de manifestaciones mucocutáneas.
La deficiencia de ácido fólico también puede producir hiperpigmentación, glositis y queilitis, además de anemia megaloblástica.
Vitamina C y niacina
El escorbuto, causado por la deficiencia de vitamina C, es una enfermedad en la que las manifestaciones cutáneas pueden ser tempranas y prominentes. Los pacientes con dietas muy restrictivas y las personas con dependencia del alcohol se encuentran entre los grupos de mayor riesgo.
La deficiencia de niacina o vitamina B3 produce pelagra, una enfermedad que puede aparecer en pocas semanas cuando existe un déficit importante. Puede asociarse a dietas restrictivas, dependencia del alcohol, enfermedades gastrointestinales, determinados medicamentos y trastornos que alteran el metabolismo o la absorción del triptófano.

La importancia de reconocer las señales en la piel
Las manifestaciones dermatológicas pueden constituir una ventana hacia el estado nutricional del paciente. Identificar patrones como hiperqueratosis folicular, dermatitis seborreiforme, alteraciones de las mucosas, alopecia, hiperpigmentación o cambios ungueales puede orientar hacia una deficiencia específica o hacia un estado de carencia múltiple.
Por ello, la evaluación dermatológica debe complementarse con una historia clínica y dietética detallada, considerando los hábitos alimentarios, enfermedades gastrointestinales, medicamentos, cirugías previas y posibles restricciones dietéticas.

Conclusión
El capítulo 17, “Enfermedades nutricionales”, de Enfermedades de la piel de Andrews, publicado por Editorial Amolca, muestra cómo los desequilibrios nutricionales pueden expresarse a través de múltiples alteraciones de la piel, el cabello, las uñas y las mucosas. El reconocimiento temprano de estos signos permite sospechar estados carenciales que pueden pasar inadvertidos y orientar una evaluación integral del paciente. Comprender la relación entre nutrición y dermatología resulta, por tanto, fundamental para lograr un diagnóstico más preciso y un manejo adecuado de estas enfermedades.
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