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En la práctica oftalmológica, no todos los síntomas visuales se presentan como visión borrosa, pérdida visual o diplopía. Algunos pacientes consultan porque perciben imágenes extrañas, objetos deformados o incluso figuras que no existen en la realidad. Comprender estos fenómenos es fundamental para identificar tanto enfermedades oculares como trastornos neurológicos potencialmente graves. En el capítulo 7, “Ilusiones y alucinaciones visuales”, del libro Neurooftalmología. Guía completa para el diagnóstico y tratamiento, los doctores Anthony Pane, Neil Miller y Michael Burdón explican cómo abordar estos síntomas y reconocer sus principales causas.

Ilusiones y alucinaciones: ¿cuál es la diferencia?
Aunque suelen confundirse, las ilusiones visuales y las alucinaciones visuales representan fenómenos distintos.
Las ilusiones visuales ocurren cuando existe un objeto real, pero el paciente lo percibe de forma alterada. Puede parecer deformado, más grande, más pequeño o persistir visualmente incluso después de apartar la mirada.
Por el contrario, las alucinaciones visuales corresponden a percepciones que aparecen sin que exista un objeto real que las origine. Estas pueden ser simples, como destellos de luz o patrones luminosos, o complejas, cuando el paciente observa personas, animales u objetos inexistentes.
Diferenciar ambos fenómenos es esencial para orientar el diagnóstico y determinar si el origen es ocular, neurológico o sistémico.
Causas oculares que pueden producir estos síntomas
Diversas enfermedades oftalmológicas pueden generar ilusiones o alucinaciones visuales.
Entre las causas más frecuentes se encuentran los destellos luminosos asociados al desprendimiento vítreo posterior o a los desgarros retinianos. Asimismo, pacientes con pérdida visual importante pueden desarrollar alucinaciones visuales complejas conocidas como síndrome de Charles Bonnet.
Las ilusiones visuales también pueden tener origen ocular. Los halos alrededor de las luces son característicos de patologías como el glaucoma agudo o las cataratas, mientras que la metamorfopsia suele asociarse a enfermedades maculares que alteran la percepción de las formas.

Cuando el cerebro es el responsable
Las enfermedades cerebrales representan una de las principales causas de fenómenos visuales inusuales.
La migraña con aura visual es probablemente la causa más frecuente de alucinaciones visuales simples. Sin embargo, tumores cerebrales, accidentes cerebrovasculares, epilepsia y enfermedades neurodegenerativas también pueden provocar síntomas visuales complejos y persistentes.
Algunas manifestaciones son especialmente llamativas:
- Metamorfopsia: los objetos se perciben deformados.
- Micropsia: los objetos parecen más pequeños de lo normal.
- Macropsia: los objetos parecen más grandes de lo que realmente son.
- Palinopsia: las imágenes persisten después de haber desaparecido del campo visual.
- Poliopía: percepción de múltiples imágenes con cada ojo.
- Akinetopsia: los objetos en movimiento parecen estáticos o se desplazan a saltos.
Estos síntomas pueden constituir señales tempranas de lesiones cerebrales que requieren evaluación neurológica inmediata.

La importancia de una evaluación completa
Ante un paciente que refiere “ver cosas”, la historia clínica detallada es indispensable. El especialista debe determinar exactamente qué observa el paciente, cuándo comenzaron los síntomas, si afectan uno o ambos ojos y si existen signos asociados como pérdida visual, cefalea, alteraciones neurológicas o cambios cognitivos.
El examen oftalmológico debe incluir evaluación de la agudeza visual, visión cromática, pupilas, movimientos oculares y campos visuales. Además, la perimetría es una prueba recomendada en todos los casos de fenómenos visuales inexplicables, ya que muchas lesiones cerebrales producen defectos específicos del campo visual.
Cuando los hallazgos no son compatibles con una enfermedad ocular evidente, debe considerarse la valoración por neurooftalmología o neurología y, de ser necesario, realizar estudios de neuroimagen.
El síndrome visual de la nieve
Un trastorno cada vez más reconocido es el síndrome visual de la nieve. Los pacientes describen la visión como si observaran una pantalla con interferencia o una tormenta de nieve permanente.
Esta condición suele ser crónica, no afecta la agudeza visual ni la visión de colores y, aunque su causa exacta permanece desconocida, se relaciona con una posible hipersensibilidad de las vías visuales. También presenta una fuerte asociación con la migraña.
El diagnóstico es clínico y las pruebas complementarias suelen ser normales. El manejo incluye educación del paciente, adaptación del entorno visual y, en algunos casos, tratamiento farmacológico con resultados variables.

Conclusión
Las ilusiones y alucinaciones visuales representan síntomas que pueden tener origen en estructuras oculares, el nervio óptico o el sistema nervioso central. Reconocer sus características permite identificar patologías que van desde condiciones benignas hasta enfermedades neurológicas potencialmente graves. Como destacan Anthony Pane, Neil Miller y Michael Burdón en el capítulo 7, “Ilusiones y alucinaciones visuales”, del libro Neurooftalmología. Guía completa para el diagnóstico y tratamiento, una evaluación clínica cuidadosa es fundamental para establecer el diagnóstico correcto y garantizar una atención oportuna para el paciente.
